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El jaguar blanco

Los Yanoama son seminómodas, o al menos eso dicen las etnografías clásicas. Esto no quiere decir que corran de un lado a otro sin ningún sentido: tienen muy claro en que lugares es posible vivir temporalmente por los recursos, pero también para evitar problemas con el aumento del caudal de ríos. Sin embargo, hoy quedan muy pocos Yanoamas que hacen este proceso. Conocí a los Sanemá, un grupo Yanoama que se encuentra entre Brazil y Venezuela, que viven en la región Roraima de Brazil. De acuerdo a sus propias palabras, caminan hacía el sur cerca de 15 km cuando llega la temporada de lluvia. Entre 400 y 500 personas se mueven a un ritmo paquidérmico, lo que permite en ocasiones que los ancianos puedan ir con todo el grupo.


Precisamente, una de sus mitos involucra un anciano que no pudo acompañarlos por sus enfermedades. Lo llaman póliawan, como también nombra al jaguar y al perro.


Dïïjoma vivía solo, no tenía familia. Sabía hacer remedios de boa y de jaguar. Quien quiera hacer daño iba donde Dïïjoma, pero también iban quienes querían curación del mal.

Dïïjoma preparó una vez remedio de boa y jaguar sin tapar bien el frasco. El espíritu del remedio salió hacía el rio y quedó esperando que alguien entrara.

El hijo de Jitoma, lider del grupo, se bañó ese día en el rio. El espíritu entró en él y Dïïjoma no pudo hacer nada, pues no había guardado la dieta ese día.

Una mujer anciana intervino y ayudó al hijo de Jitoma, logró salvarlo del espíritu. Desde entonces a ella se le conoce como Sherekanawe, y siempre disputa con Dïïjoma, pues lo culpan de los problemas del grupo.

En un traslado del grupo cuando aumentó el río, Dïïjoma estaba muy viejo y enfermo. Nadie quiso ayudarlo ni pensó en él. Sherekanawe se dio cuenta que él no pudo salir del Shabono. Ella de devolvió pero no pudo ayudarlo. Todos se fueron y Dïïjoma quiso hacer su remedio de boa y jaguar, sin darse cuenta que no le quedaba boa. Esta vez solo la hizo de jaguar.


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